Objetivos de la Unión Europea

Los principios básicos generales de la Unión Europea son: libertad, democracia, respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales y el Estado de Derecho. También están incluidos el respeto a los derechos fundamentales, el respeto por la Unión a la identidad nacional de los Estados miembros.

La Unión intervendrá según un principio de subsidiariedad, de tal modo que sólo tomará parte cuando los objetivos de la acción que se vaya a emprender no puedan ser alcanzados de manera suficiente por los Estados. También se guía por el principio de suficiencia de medios, según el cual la Unión promete dotarse de todos los recursos necesarios para aplicar sus políticas.

Objetivos fundamentales de la Comunidad Europea según el Tratado de Roma: crear un mercado común sin obstáculos al comercio exterior y con libertad de factores, beneficiarse de la dotación de factores, mayor aprovechamiento de la ventaja comparativa y por tanto de la mejor asignación de recursos, favorecer a las empresas a través del aprovechamiento de las economías de escala y procurar un mayor bienestar general. El Tratado de Maastricht incorporó objetivos de carácter económico, político y social. En el Tratado de Lisboa se reconoció que la UE tiene como finalidad promover la paz, sus valores y el bienestar de sus pueblos; en el contexto económico existe un compromiso para establecer un mercado interior, para trabajar en pro del desarrollo sostenible basado en un crecimiento económico desequilibrado y en la estabilidad de los precios y en una economía social de mercado altamente competitiva, tendente al pleno empleo y al progreso social (Véase pág. 45 -cuadro de evolución).

Integración Económica y Unión Política

Mientras los aspectos económicos han sido predominantes en la evolución de la Unión Europea, la cuestión política se ha dejado de lado, ya que afecta por su propia naturaleza a la soberanía de los Estados miembros. Tras la caída del Muro de Berlín y la propuesta de reunificación alemana surge de nuevo la cuestión política, dentro del contexto de negociación de la Unión Económica y Monetaria Europea.

En 1989 el canciller alemán Helmut Kohl procedió a aclarar la situación de incertidumbre que había rodeado la situación de la reunificación alemana después de la caída del Muro de Berlín, manifestando la voluntad de Alemania de mantener sus compromisos con la CE, independientemente del proceso de unión alemana. La CE tuvo que añadir, a propuesta de Alemania, la unión política como requisito indispensable para fortalecer el proceso común de una mayor profundización de la integración europea. A partir de entonces, el planteamiento comunitario se bifurcaba en dos grandes proyectos: la UEM y la Unión Política, decidiéndose impulsar dos grandes conferencias intergubernamentales: una para la Unión Económica y Monetaria y otra para la Unión Política.

La CEE perdió su calificación de “Económica” para pasar a ser la Comunidad Europea o Unión Europea. A partir del Tratado de Maastricht (1991) la Comunidad está encauzada progresivamente a una unión económica y monetaria y a una unión política. En los Tratados de Amsterdam (1997) y de Niza se proponía la reforma institucional de la unión, para prepararla frente a la futura ampliación con el objetivo de que las instituciones funcionen de forma eficaz y fluida. La Unión Política sigue siendo una asignatura pendiente de la Unión.

Espacio Económico Europeo (EEE)

La adopción por la CEE del Libro Blanco, donde se contemplaba la creación de un área comunitaria de fuerte competencia facilitó un nuevo planteamiento en las relaciones entre la Comunidad Europea y éste área comercial. Tras la Declaración de Luxemburgo se avanzó hacia unas relaciones más dinámicas a partir de 1989; estas relaciones incluían el planteamiento del Espacio Económico Europeo (EEE), donde se planteaba el desarrollo de unas condiciones de competencia más favorables para Europa Occidental, en un marco intermedio entre la EFTA y la CEE.

En mayo de 1992 se firmó en Oporto ad referendum el Acuerdo sobre el Espacio Económico Superior.

La Asociación Europea del Libre Comercio (EFTA) y el Mercado Común Europeo (MCE)

En 1959 las economías europeas se encontraban integradas económicamente en bloques fragmentados; la iniciativa que logró una integración más amplia fue la CEE.

La iniciativa británica culminó en 1959, con la creación de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA o AELC) entre Reino Unido, Suecia, Noruega, Dinamarca, Austria, Portugal, Irlanda y Suiza. Finlandia se unió en 1961 como miembro asociado y en 1981 como país de pleno derecho.

La buena marcha de la CEE llevó al Reino Unido a solicitar su adhesión a ésta en 1961; también lo hicieron así Dinamarca, Noruega e Irlanda. Tanto en este momento como en 1967 se rechazó esta solicitud por la oposición de De Gaulle. Una vez dimitido De Gaulle, volvieron a solicitarlo y, tras largas negociaciones, se aprobó la entrada de estos países en 1972, aunque Noruega rechazó su adhesión por referéndum entre sus electores.

Los países de la EFTA firmaron con la CEE un acuerdo de libre cambio en julio de 1972. En 1981 se adhirió Grecia a la CEE y Portugal lo hizo en 1986. Suecia, Austria y Finlandia ingresaron en la UE en 1995. En la actualidad, la EFTA está formada por un reducido número de países que mantienen un acuerdo común con la UE: el Espacio Económico Europeo.

Mercado Común Europeo (MCE)

Gran Bretaña no participó en la constitución de la CECA por considerarlo una intromisión sobre su soberanía nacional en la gestión de sus recursos; con esto, no hizo más que subrayar la tradicional idea británica de no ir más allá de lo que suponga el funcionamiento de un área de libre cambio.

Algunos países como Gran Bretaña abogaban por el establecimiento de un área de libre cambio con una federación de Estados muy suave, frete a los que, como Francia, más partidarios de fortalecer instituciones comunes a costa de cierta cesión de soberanía nacional. Debido a esta confrontación ideológica, Francia y Alemania debían estar presentes en cualquier proyecto de integración europea, basándose éste en el consenso.

Se encargó a un comité, bajo la presidencia del belga Henri Spaak, la elaboración de un informe de posibilidades de una mayor integración progresiva en el ámbito económico. El Comité Spaak presentó en 1956 su informe, que sirvió de base para la creación de la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (CEEA o EURATOM). Se impulsó la idea de una Europa federalista.

Los Tratados de Roma por los que se estableció la CEE y la CEEA se firmaron en 1957. Los países europeos que no estaban integrados en ninguno de estos proyectos comenzaron a tomar posiciones. El Reino Unido  llevó a cabo una campaña en favor del establecimiento de un área de libre cambio en Europa, que preservase la soberanía de los Estados miembros y sus relaciones con los países terceros. Dinamarca, Noruega, Portugal, Islandia, Austria y Suiza respaldaban la propuesta del gobierno británico. Los países de la CECA decidieron seguir adelante con el proyecto de mercado común europeo, aceptado en Roma en marzo de 1957.

Los primeros planteamientos de una unión política en europa

La unificación política europea se intentó en 1950, cuando el gobierno francés trató de establecer una Comunidad Europea de Defensa (CED). El inicio de la guerra de Corea y la conveniencia de aunar los esfuerzos de los países occidentales en la defensa del frente europeo llevó a EEUU a solicitar la adhesión de Alemania a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN); Francia se opuso por temor de que esto favoreciera un rearme del ejército alemán y propuso la creación de un ejército europeo común formado por las fuerzas de los países de Europa occidental (incluidos los alemanes).

En 1953 se firmó un Tratado por el cual se estableció la Comunidad de Defensa Europea (CDE) para organizar una fuerza de defensa europea conjunta entre los seis países de la CECA. Se planteó la posibilidad de crear una institución que sirviera de unión política entre los seis países componentes de la CECA y la CDE.

En 1954 la Asamblea Nacional francesa se negó a cualquier medida que le quitara soberanía así como a renunciar a un ejército nacional, por lo que no se llegó a establecer ni la CED ni la Comunidad Política Europea. Tras esto, Alemania se integró en la OTAN.

A pesar de estos problemas, aún quedaba la CECA como ejemplo de integración económica, aunque sólo fuera en el aspecto económico. La CECA estaba haciendo que se gestara la integración económica europea. El informa Spaak abriría un abanico de posibilidades para una mayor integración en el ámbito económico, sin pretensiones de abarcar otros temas de la integración que implicase la pérdida de soberanía nacional o una mayor unión política.