La aparición de la civilización

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Hace 10.000 o 12.000 años con la retirada de los últimos glaciares continentales fue un periodo de cambios geográficos y climáticos. La mejoría del clima tuvo su contrapartida en la desaparición de muchos de los mamíferos que componían  la dieta básica de los cazadores.

Directamente relacionados con los cambios climáticos, en los cuatro o cinco milenios que siguieron a la retirada de los glaciares se produjeron importantes avances tecnológicos. Los utensilios de piedra, como los objetos artísticos y religiosos, se hicieron más complejos y refinados. Había llegado el Neolítico o “piedra nueva”. Algunos afirman que hubo un nebuloso Mesolíticos o Era de Transición. Los puntos de partida fundamentales de la nueva era fueron la invención de la agricultura y la domesticación de los animales.

El escenario más probable es un lugar llamado Creciente Fértil, la franja de territorio que se extiende a lo largo del extremo oriental del Mediterráneo, atraviesa las colinas del norte de Siria e Irak, y desciende por los valles del Éufrates y el Tigris hasta el golfo Pérsico. Los antepasados silvestres del trigo y la cebada crecían naturalmente en esa área. Las mujeres, que permanecían en campamentos provisionales recolectaban las semillas silvestres y con el tiempo empezaron a cultivarlas, mientras que los hombres cazaban cabras y ovejas en las montañas cercanas. El proceso debió empezar ya en el año 8000 a.C. La Agricultura sedentaria que abarcaba el cultivo de trigo y cebada, y el cuidado de ovejas, cabras, cerdos y vacas, estaba totalmente asentados en el área que va del oeste de Irán al Mediterráneo y a través de las montañas de Anatolia hasta ambos lados del mar Egeo. Desde esta zona se fue extendiendo gradualmente a Egipto, India, China, Europa Occidental. Jared Diamond ha argumentado que la difusión de innovaciones que mejoraban la producción ocurrió de forma más natural y más abundante en la masa terrestre euroasiática, debido a que su enorme extensión y diversidad ocasionó la aparición de muchas más especies de plantas y animales a partir de los cuáles obtener cosechas cultivables y animales domésticos; y una vez que se lograba un éxito en cualquier lugar con una cosecha o animal, ese mismo éxito podía replicarse casi en cualquier otra parte a lo largo de la misma latitud.

Por primera vez el hombre podía fundar asentamientos relativamente estables, que junto a la mayor productividad de sus esfuerzos, le abrió la posibilidad de acumular mayor cantidad de bienes materiales, y a la vez, dedicar más tiempo a actividades no directamente relacionadas con la mera subsistencia, como el arte y la religión.

Los cambios se dieron de manera gradual a lo largo de un período de cientos, quizás miles, de años. Durante muchas generaciones, la caza y la agricultura fueron actividades complementarias, con el pastoreo como posible etapa de transición. Conforme dominaban las técnicas de agricultura y se volvió más eficaz y productiva, disminuyó la importancia económica de la caza, pero nunca llegó a perder su importancia simbólica, produciéndose de forma natural la transición de cazador a guerrero y soberano. Los cambios se debieron a la necesidad de adaptarse a un medio hostil. Tanto las relaciones sociales como los métodos de producción estaban regidos por la costumbre y la tradición.

Los utensilios que empleaban los primeros agricultores eran extremadamente sencillos: primitiva hoz, azadas sencillas… Gradualmente se fueron incorporando nuevos utensilios, nuevas técnicas, nuevas cosechas y nuevos animales. Entorno al 6000 a.C. el ganado vacuno estaba domesticado. En Anatolia se cultivaban lentejas, guisantes y algunos tubérculos, con anterioridad a esa fecha. Se inventó la cerámica, más frágil que la vasijas de piedra pero de fabricación menos laboriosa. A principios del 5000 a.C. se fabricaban tejidos de lino (técnicas de hilar y tejer). Considerando lo pronto que se domesticaron cabras y ovejas, parece probable que la lana fuese el primer sustituto de las pieles.

La vida sedentaria de los poblados agrícolas permitió una división del trabajo mejor que la que determinaban el sexo y la edad. La división del trabajo implica especialización, y la especialización lleva a una mayor eficacia y al progreso tecnológico. Los avances en un campo propiciaron los avances en otros (efectos secundarios o spin offs). Las tribus migratorias que se asentaron en un lugar sustituyeron los refugios temporales (tiendas hechas de pieles o ramas) por habitáculos más cómodos y permanentes: refugios subterráneos, y después casas hechas con ladrillos de barro secado al sol.

La metalurgia pudo originarse de forma análoga. Aunque se han encontrado objetos de oro y cobre que datan del sexto milenio a.C. la producción regular de cobre no comenzó hasta el quinto o quizás cuarto milenio.

La división del trabajo y la evolución de las nuevas artes, como la metalurgia y la alfarería, requerían alguna forma de intercambio o comercio. La naturaleza de tal intercambio variaba según la distancia a la que tenían que transportarse las mercancías. La costumbre establecía los términos del intercambio entre comunidades próximas, pero para bienes muy concretos localizados a gran distancia, como metales o pedernales, era necesario un intercambio organizado. El trueque se venía practicando desde la última parte del Paleolítico y principios del Neolítico. Quizás los cazadores migratorios y las tribus nómadas dedicadas al pastoreo llevasen los utensilios. Tras el surgimiento de las ciudades-estado y los imperios, se organizaron expediciones comerciales y de saqueo.

Una de las principales consecuencias de la invención de la agricultura fue el aumento de la capacidad para sustentar a sus poblaciones. La agricultura llegó al valle del Nilo antes del año 4000 a.C. Aproximadamente en el año 2500 a.C. había penetrado ya en el valle del Danubio, el Mediterráneo occidental , el sur de Rusia y China. A veces, al difundirse se introducía alguna modificación, por la diferencia de climas y recursos. En el norte de China las semillas de mijo y soja se convirtieron en el alimento básico. En el sudeste asiático la base de su agricultura fue el taro y más tarde el arroz (1500 a.C.), el animal doméstico más importante fue el búfalo de agua. En el sur de Rusia y Asia Central, sus habitantes se dedicaron al pastoreo, fue seguramente allí donde en el tercer milenio se domesticó al caballo.

La unidad básica de organización económica y social de las primeras comunidades agrícolas era la aldea de labradores, compuesta por un número de familias que oscilaba entre diez y cincuenta, y una población total de entre cincuenta y trescientas personas. La provisión de alimentos era algo más regular y segura, y las viviendas sin duda eran más cómodas; pero la población tendía a aumentar al mismo tiempo que los medios con que mantenerla, los campesinos seguían viviendo en el límite de la subsistencia. Cualquier desastre natural, como una sequía, una riada o una plaga de insectos podía hacer estragos en toda una aldea; y su asentamiento las hacía más propensas a epidemias. Es probable que la vida media no sobrepasara los veinticinco años.

Las costumbres y la tradición, interpretadas por un consejo de ancianos, gobernaban las relaciones entre los miembros de la comunidad. Se reconocía la propiedad privada de utensilios, armas y adornos, pero la propiedad de tierras y ganado era colectiva. Aunque en cada aldea algunos individuos gozasen de una situación especial por su sabiduría, fuerza, valor u otras cualidades de liderazgo reconocidas por todos, no había clases privilegiadas, la obligación universal de trabajar la dictaban tanto la tecnología como los recursos.

La Baja Mesopotamia, la región entre los ríos Tigris y Éufrates situada al norte del golfo Pérsico, antes del año 4500, poseía una densidad de población mucho menor que la de otras regiones habitadas del Cercano y Medio Oriente. Su suelo pantanoso no era apropiado para la primitiva cultura de azada del Neolítico. Mil años después, en esta tierra se asentó la primera gran civilización, la de Sumer, con enormes concentraciones humanas, ciudades, arquitectura monumental y ricas tradiciones religiosas, literarias y artísticas. La base económica de esta primera civilización estaba en una agricultura altamente productiva.

La fertilidad natural de sus negras tierras requería un elaborado sistema de drenaje y riego para el que a su vez se necesitaba muchos trabajadores disciplinados, además de una experta supervisión y un diestro control. Éstos fueron ejercidos por una clase formada de sacerdotes y guerreros que gobernaban sobre una gran población de siervos, formada por agricultores y artesanos. A través de los tributos, los impuestos y la esclavitud, los gobernantes obtuvieron la riqueza que se destinó a la construcción de templos y edificios públicos y a la creación de obras de arte.

La aparición de la civilización trajo consigo una mayor complejidad en la división del trabajo y en el sistema de organización económica. Los artesanos se especializaron en la fabricación de telas y cerámica, trabajo del metal y otras artes. Nacieron entre otras, las profesiones de arquitecto, ingeniero y médico. Se sistematizaron pesos y medidas, se inventaron las matemáticas y surgieron formas primitivas de ciencia. Como la región de Sumer prácticamente no tenía más recurso natural que su rico suelo, tenía que comerciar con pueblos menos adelantados, lo que contribuyó a la difusión de la civilización sumeria. En las ciudades sumerias la piedra tenía que competir con el cobre importado. La metalurgia se consideraría uno de los distintivos de la civilización.

La invención de la escritura tuvo su origen en una necesidad económica. Las primeras ciudades eran ciudades-templo, es decir, organizaciones  económico-religiosas centradas en el templo de la deidad local, representada por una jerarquía eclesiástica. Los miembros de esta jerarquía se ocupaban de dirigir los trabajos de riego, drenaje y agricultura en general, y supervisaban la recaudación de la producción como impuesto o tributo. La necesidad de llevar un registro de las fuentes y utilizaciones de este tributo indujo al uso de sencillos pictogramas grabados en tablillas de arcilla antes del 3000 a.C., rasgo distintivo de la civilización mesopotámica.

Aunque la escritura fue una respuesta a la necesidad de llevar registros administrativos, pronto se descubrieron muchos otros usos religiosos, literarios y económicos. En una fase posterior de desarrollo, cuando la estricta organización centrada en el templo dio paso a mayor libertad, las tablillas de arcilla registraron los pormenores de contratos, deudas y otras transacciones comerciales y financieras.

Las expediciones comerciales en busca de materias primas, en especial metales y quizás otros productos, sirvieron de estímulo a las incipientes civilizaciones de Egipto, del Mediterraneo oriental y del área del Egeo, de Anatolia y del valle del Indo.

Las ciudades-templo de Sumer tenían una estructura social jerárquica. Los campesinos y trabajadores sin cualificar, que sumaban el 90% de la población, vivían como siervos y esclavos, careciendo de derecho alguno, ni siquiera el de propiedad. La tierra pertenecía al templo (o a su deidad) y la administraban los representantes de ésta, los sacerdotes.

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