Comercio y desarrollo en el mundo mediterráneo

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El milenio entre el año 800 a.C. y el 200 d.C. la civilización clásica del Mediterráneo alcanzó un nivel de desarrollo económico que no se superó hasta el siglo XII o XIII. Teniendo en cuenta la ausencia de progreso tecnológico en esa era, la explicación debería buscarse en la amplia división del trabajo de una red comercial y de mercados altamente desarrollada.

El alto coste del transporte por tierra se limitaba a mercancías de un valor muy alto como el oro, la plata, piedras preciosas, telas lujosas, especias, perfumes, objetos artísticos y religiosos.

Los fenicios fueron el primer pueblo especializado en el comercio y la navegación. Monopolizaron durante mucho tiempo el comercio con Egipto, sirviendo de mercaderes o agentes de los faraones.

Los fenicios se organizaron políticamente en ciudades-estado autónomas. Su actividad comercial les llevó a desarrollar el alfabeto, un sustituto más eficaz que los jeroglíficos y la escritura cuneiforme que junto a otras técnicas comerciales suyas, fue adoptadas por griegos y romanos. Para fomentar el comercio establecieron colonias a lo largo de la costa del norte de África y el Mediterráneo occidental.

Los otros grandes comerciantes marítimos del Mediterráneo fueron los griegos, éstos eran originalmente agricultores, pero sus tierras rocosas pronto les condujo al mar para poder complementar su pobre producción agrícola.

El movimiento colonizador desempeño una función económica, además de servir para aliviar la presión demográfica.

Los artesanos griegos, alfareros y trabajadores del metal, trabajaban con tal habilidad que sus artículos eran muy solicitados en toda el área de la civilización clásica. Los mercaderes y marinos griegos también se convirtieron en transportistas de otros pueblos no navegantes, como los egipcios.

Estos progresos comerciales y financieros fueron facilitados por una innovación menor en cuanto a su significación técnica, pero de trascendental importancia económica: el dinero en moneda. La moneda simplificó en gran medida las transacciones comerciales y permitió que el sistema de mercado se extendiese a individuos y grupos que de otro modo habrían permanecido aislados en una economía de subsistencia cerrada.

Se desconoce quién fue el inventor de la moneda. Las monedas más antiguas que poseemos, del siglo VII a.C. proceden de Asia Menor. Leyendas moralistas atribuyen el invento conjuntamente a Midas (rey de Frigia) y a Creso (rey de Lidia); pero lo más probable es que las primeras monedas fuesen acuñadas por algún mercader emprendedor de una de las ciudades griegas de la costa. Pronto los gobiernos se dieron cuenta de que con la moneda había posibilidad de obtener beneficio y prestigio, y acuñaron moneda como un monopolio estatal.

Las primeras monedas se hicieron de electro, una aleación natural de oro y plata que podía encontrarse en los valles de aluvión de Anatolia. Aunque se fabricaban tanto monedas de oro como de plata, esta última era más abundante y más práctica para el comercio. Las minas de plata de Laurion que eran propiedad del estado de Atenas, proporcionaban los recursos para la construcción de trirremes (barco de guerra). Este nuevo barco fue decisivo para los griegos en su lucha contra la invasión persa y posteriormente les permitió ejercer tal dominio que se convirtieron en el Imperio ateniense. También fue la plata de Laurion la que ayudó a Atenas a financiar una balanza comercial permanentemente desfavorable. Indirectamente la fuente de ingresos contribuyó a la construcción de los grandes monumentos y edificios públicos por los que Atenas se hizo famosa.

Las ciudades griegas se agotaron en guerras intestinas que resultaron enormemente destructivas, pero las conquistas de Alejandro Magno difundieron la cultura griega (o helenística) por todo el Cercano y Medio Oriente. A pesar de que el imperio de Alejandro se desintegró tras su muerte, la unidad cultural y económica se mantuvo. Alejandría con una población que rondaba el medio millón de habitantes era el mayor emporio de su época. Por sus mercados pasaban las exportaciones egipcias y cientos de artículos y productos exóticos de todas partes del mundo.

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