Bases económicas del imperio

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Una de las características más notables de la historia antigua es el auge y ocaso de los imperios.

Primer gran imperio mundial el de Sargón de Acad (2350-2300 a.C.), las crónicas históricas registran una profusión de imperios: Babilonia, Asiria, los hititas, los persas,  hasta la caída del Imperio Romano de Occidente (476 d.C), el proceso continuó durante la Edad Media europea, con los imperios islámicos a partir del siglo VII, el Imperio Bizantino y la destrucción final de éste por el Imperio turco otomano en el 1453 d.C.

A principios del tercer milenio, una clase guerrera cuyo mando ostentaban reyes o jefes impuso su autoridad junto a las de los sacerdotes o por encima de la de éstos. Ni la clase guerrera ni la sacerdotal se ocupaban de las tareas productivas, excepto en las funciones de dirección y vigilancia, y en ese sentido explotaban a los trabajadores y a los campesinos. En la Antigüedad la propiedad privada no constituyó la base legal de la sociedad o el Estado. La regla general era alguna forma de propiedad colectiva o estatal. Se reconocía el derecho a la propiedad privada de herramientas, armas y otras posesiones personales, pero la propiedad privada no era un derecho absoluto.

La base económica de los antiguos imperios residía en el botín, los tributos y los impuestos que los conquistadores obtenían de los conquistados y de las masas campesinas.

Dado el carácter depredador de los imperios de la Antigüedad, en términos de avance tecnológico, su aportación es bastante escasa. Casi todos los elementos tecnológicos de los que se sirvieron las civilizaciones antiguas (los cultivos, los animales domésticos, los tejidos, la cerámica, la metalurgia, la arquitectura monumental, la rueda, los barcos de vela, etc, habían sido inventados o descubiertos antes del alba de la historia escrita. El logro tecnológico más notable del segundo milenio (1400-1200 a.C.) fue el descubrimiento del proceso para fundir el mineral de hierro, que se empleaba sobre todo para fabricar armas.

Aunque hubo pocos descubrimientos importantes, se hicieron muchas mejoras técnicas de carácter menor, sobre todo en la agricultura. Durante la época helenística y el Imperio romano se escribieron multitud de tratados sobre diversos aspectos de la agricultura y de ocupaciones relacionadas con ella. Las peculiaridades del clima, la topografía y el suelo de la cuenca mediterránea definieron métodos agrícolas más favorables. La riqueza de las grandes civilizaciones ribereñas se basaba en la agricultura de regadío, que requería un alto grado de organización y disciplina de la mano de obra. En zonas como el norte de África y el sur de España se desarrolló la técnica del “cultivo en seco”, se trataba de agricultura que requería mucha mano de obra por unidad de tierra, y dejaba poco excedente que poder gravar con impuestos. Y allí donde el terreno era apropiado y la mano de obra abundante, tanto para el propietario como para el gobierno resultaban más rentables grandes fincas.

A pesar de que la tecnología quedara casi estancada, los logros económicos de los imperios de la Antigüedad fueron considerables. Las expediciones que organizaron con fines comerciales o de conquista difundieron los elementos tecnológicos y aportaron nuevos recursos. Se estableció la ley y el orden en áreas cada vez mayores, se facilitó el aumento del comercio y, con ello, la especialización regional y la división del trabajo.

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