España en la década de 1910: repasamos los sucesos más importantes

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España en la década de 1910 vivió una historia convulsa y llena de cambios. Los sucesos que ocurrieron en estos 10 años se vieron marcados por el Desastre del 98, cuando España perdió sus últimas colonias de ultramar. También influyeron los primeros años del reinado de Alfonso XIII y, por supuesto, la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Los sucesos de España en la década de 1910 sientan las bases para el golpe de Estado y posterior dictadura de Primo de Rivera.

España en la década de 1910

Elecciones de 1910

Como antecedente de las elecciones de 1910, se encuentra la Semana Trágica de Barcelona en 1909: tuvo lugar entre el 26 de julio y el 2 de agosto de aquel año. La Semana Trágica de Barcelona se vio marcada por un decreto del gobierno de Antonio Maura (conservador) por el que se enviarían tropas de reserva a las posesiones del país en Marruecos. El gran problema era que los reservistas que se pretendía enviar eran padres de familia de clases obreras. Los resultados de esta Semana fueron devastadores para la población y, como resultado, Maura perdió el poder.

Los sucesos ocurridos en España en la década de 1910 sentaron las bases para el golpe de estado de Primo de Rivera

Es aquí cuando se convocan elecciones generales para el 8 de mayo de 1910, por el liberal José Canalejas. Después de la caída de Maura, el gobierno lo ostentó el liberal Segismundo Moret, pero sus ideales comulgaban con los de socialistas y republicanos, lo cual no gustó a la clase política. Moret dimitió tras la negativa del rey Alfonso XIII de disolver las Cortes (lo cual habría supuesto un batacazo para la monarquía). El rey pidió a José Canalejas que formara gobierno y las Cortes fueron disueltas con el propósito de volver a un tipo de gobierno más tradicional.

Estas elecciones destacan dentro de la historia por la participación de la Conjunción Republicano-Socialista, que se formó gracias al escritor Benito Pérez Galdós. Pérez Galdós logró reunir a distintos grupos republicanos: el Partido Republicano Radical, el Partido Republicano Democrático Federal y el Partido Socialista Obrero Español. Aunque el triunfo definitivo fue para el Partido Liberal de José Canalejas, la entrada de estos grupos a las Cortes Generales marcó un nuevo hito para la política española, principalmente porque el PSOE consiguió su primer diputado en el Congreso. El puesto lo ocupó el fundador del partido, Pablo Iglesias Posse.

Los liberales en el poder: Canalejas contra la Iglesia Católica

Tras el triunfo del Partido Liberal en las elecciones generales de 1910, llegaron las reformas de José Canalejas, Presidente del Gobierno. Al plan de Canalejas se le denominó «regeneración democrática», pues pretendía nacionalizar la monarquía por completo. Por otra parte, Canalejas buscaba separar totalmente (y de manera amistosa, por supuesto) a la Iglesia del Estado. El Vaticano se opuso rotundamente a esta separación, pues los privilegios de la Iglesia Católica en España eran numerosos; además, estaba empeñado en condenar al modernismo de aquellos tiempos.

En 1910 las Cortes Generales aprobaron la Ley del Candado, con el propósito de frenar la creación de nuevas órdenes religiosas durante al menos dos años. El propósito del Gobierno era disminuir la presencia y peso de las órdenes religiosas, pues querían tratarlas como asociaciones: la ley solo tuvo efecto temporal, pues una cláusula de la misma establecía que, si pasados dos años no se había aprobado una ley de asociaciones, las restricciones se levantarían. Como resultado, las asociaciones siguieron creciendo y Canalejas (aunque devoto católico), quedó como enemigo de la Iglesia.

Los obreros tienen mayor presencia

España en la década de 1910 también se vio marcada por la revolución portuguesa de 1910, cuando el pueblo derrocó a la monarquía y se instauró la Primera República en Portugal, algo que sucedería en España en los próximos años. La vida de la sociedad española sí tuvo mejoras durante el Gobierno de Canalejas. Este favoreció las negociaciones y arbitrajes entre la clase obrera y las patronales; además, se promulgaron medidas para mejorar la situación laboral de los trabajadores. En cuestiones sociales, el único bache que sorteó Canalejas fue la no aprobación de la ley que regularía los contratos colectivos de trabajo. Como resultado a estas reformas laborales, incrementaron las huelgas y se expandieron las organizaciones obreras.

De 1910 también destaca la creación de la Confederación Nacional del Trabajo, que fue clave para consolidar el movimiento anarquista español. Las consecuencias, entre otras, fue el aumento de la represión por parte del gobierno, lo que desencadenó en numerosas huelgas o el procesamiento de varios líderes del sindicato UGT; este sindicato logró expandirse gracias a la presencia del PSOE en el Congreso.

Creación del Protectorado de Marruecos

En noviembre de 1912 se creó el protectorado español de Marruecos mediante un acuerdo firmado con Francia. El protectorado, que permaneció hasta 1956 y 1958, concedió a España dos territorios. El primero, la zona norte que incluía el Rif y Yebala, colindante con Ceuta y Melilla; por otra parte, estaba la zona sur o Cabo Juby, llamada Villa Bens durante el protectorado.

En 1912 se creó el protectorado de Marruecos que perteneció a España hasta 1956 y 1958

Vuelven los conservadores

Canalejas no fue el único presidente liberal. Fue asesinado en 1912 y sucedido por el conde de Romanones. El asesinato de Canalejas y la subida al poder de Romanones ocasionó la división de los liberales. Esto provocó que el Rey nombrara Presidente del Gobierno a Eduardo Dato, conservador «idóneo». España en la década de 1910 se caracterizó también por la aparición del maurismo, un movimiento político, católico y nacionalista; el movimiento estaba «inspirado» en los ideales del ex presidente Maura.

De 1913 a 1914 los partidos políticos españoles entraron en crisis que requería la intervención del Rey, lo que hizo que su figura incrementara popularidad. Surgieron partidos como el Reformista, de carácter republicano, pero que estaba dispuesto a aceptar una monarquía democrática. También destaca de este período la Liga de Educación Política conformada, entre otros, por José Ortega y Gasset y Manuel Azaña.

La crisis de la Restauración en España en la década de 1910-1920

Esta década estuvo marcada, en el aspecto social, por la pobreza, la escasez de alimentos, la crisis económica y la precariedad. Esto hizo que se levantaran nuevas ideas políticas de carácter socialista, como el PSOE o la corriente anarquista. Esto coincidió con el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, que convulsionó a Europa en general, aunque España permaneció neutral. El carácter neutral de España ante la Gran Guerra ocasionó que el país saliera a flote brevemente.

España comenzó un proceso de modernización, ya que aumentó la producción española gracias a los nuevos mercados. Y es que, debido a que muchos países estaban sumidos en la guerra, las producciones de estos disminuyeron y comenzaron a importar desde España aquello de lo que ya no se podían abastecer por su cuenta. Decimos que fue breve porque, aunque los mercados se expandieron, la inflación también lo hizo, pero los salarios no aumentaron. De ahí que se produjera una carencia de productos básicos y que ocasionó motines en las ciudades, así como conflictos laborales. No olvidemos que las fábricas trabajaban a toda máquina para abastecer a los países beligerantes, pero los sueldos seguían igual.

En 1915, Romanones volvió a la presidencia sustituyendo a Eduardo Dato. El nuevo Gobierno tuvo que enfrentarse a una huelga general en todo el país en la que se protestaba por el aumento de precios y el desabastecimiento. Pero los dos principales sindicatos CNT y UGT no solo reclamaban el aumento de salarios, sino también una transformación política y económica del país. El nuevo mandato de Romanones cayó en 1917 por su postura aliadófila: intentó responder de manera beligerante al hundimiento de barcos mercantes españoles a manos de los alemanes, pero no olvidemos que España era neutral.

La crisis de 1917

La crisis del 17 fue la peor crisis de la época, España no había vivido otra igual. El problema vino de manos de las «Juntas de Defensa» de 1916. Estas eran organizaciones corporativas militares que luchaban por el aumento de sus salarios y no solo reclamaban más sueldos, sino que fuesen legalizadas, algo a lo que el Gobierno (entonces de Manuel García Prieto), se opuso. García Prieto tuvo que dimitir y Dato volvió a subir al poder, respaldado por Alfonso XIII. Lo que destaca de esta nueva administración de Dato es que, ante la crisis y la amenaza de los militares, suspendió las garantías constitucionales, censuró la prensa y aceptó el reglamento de las citadas juntas.

Mientras tanto, en Barcelona, los diputados y senadores catalanes reafirmaron la voluntad de Cataluña de constituirse como una nación independiente. Hicieron un llamamiento a una Asamblea Parlamentaria en la ciudad condal, pero Dato los tachó de separatistas y revolucionarios. A la reunión convocada solo acudieron los republicanos, socialistas, reformistas y los diputados de la Liga Catalanista. La reunión, convocada por el líder Francesc Cambó, terminó con la detención de todos los participantes momentáneamente.

El nuevo orden: el Gobierno Nacional

Ese mismo año, 1917, se formó un gobierno de concentración; estaba formado por conservadores, liberales y la Lliga catalana, presidido por García Prieto. Se convocaron a elecciones generales en 1918. El resultado de las urnas fue variado: conservadores y liberales en su mayoría, pero también participaron facciones liberales, la Lliga y el PNV (primera vez que consiguió escaños) y los socialistas subieron su número de 1 a 6. El catalanista Cambó no vio claro el gobierno, así que Alfonso XIII convocó de nuevo a los políticos e impuso (bajo amenaza de abdicación) un gobierno de concentración presidido, de nuev0, por Antonio Maura.

A este nuevo Gobierno se le llamó Nacional e incluía a todas las facciones políticas. La Administración Nacional se caracterizó por conceder la amnistía a los socialistas encarcelados y se aprobó una nueva ley que acabó con la figura del cesante (promoción por antigüedad). El nuevo mandato de Maura fue breve: renunció en noviembre de 1918 porque no se consiguieron aprobar los presupuestos generales que estaban pendientes de aprobación desde 1914.

La huelga la Canadiense, en Barcelona, fue un movimiento acallado por el Gobierno a través de la represión

España en la década de 1910: las guerras socialistas

España se vio sumida por graves revueltas sociales. Por un lado, los catalanes seguían luchando por su independencia, pero el gobierno ni siquiera quería reconocer el catalán como lengua cooficial. De hecho, los únicos que apoyaron la iniciativa catalana fueron los gallegos y los vascos, estos últimos motivados por el reciente triunfo del PNV en las elecciones. En el otro extremo, el sur del país se vio afectado por la crisis social en el campo andaluz. En Andalucía los jornaleros se movilizaron movidos por los resultados de la Revolución de Octubre en Rusia. A esta etapa andaluza se le conoce como Trienio Bolchevique.

Durante este período, entre 1918 y 1920, hubo numerosas movilizaciones de jornaleros, huelgas acalladas con dureza no solo por parte del gobierno, sino también por los patrones. Los obreros pedían subida de sueldos, y empleo los que no lo tenían. Muy característico del Trienio Bolchevique es el famoso lema «la tierra es de quien la trabaja». Esta pequeña revolución andaluza concluyó con represión.

La huelga de La Canadiense, Barcelona

En 1919 inició en Cataluña la huelga de la Canadiense. La huelga tuvo gran impacto social y repercusiones en la ciudad, que quedó sin luz, agua y sin tranvías. La respuesta del Gobierno de Romanones, pese a que buscaba la negociación, fue la represión. Se militarizaron los servicios y se restauró la normalidad en Barcelona, aunque las cárceles se llenaron con los huelguistas. ¿Por qué el Gobierno respondió así? Entre otros motivos, por la aprobación del Rey Alfonso XIII.

Momentáneamente, el CNT llegó a un acuerdo entre la empresa y los trabajadores, pero no logró resolver la situación de los presos, que estaban bajo custodia militar. Milans (capitán general), declaró el estado de guerra, secundado discrecionalmente por el rey. Romanones presentó su dimisión y, de nueva cuenta, volvió Maura al gobierno. El nuevo Presidente continuó con la política militar de Milans, la CNT fue disuelta y sus líderes terminaron en prisión.

Ante las presiones, Maura convocó a elecciones en 1919 y fue sucedido por el también conservador Joaquín Sánchez de Toca, que intentó negociar en el conflicto catalán. Le sucedió Allendesalazar y Muñoz, que estuvo un breve de tiempo hasta el regreso de Eduardo Dato. Este consiguió que se disolvieran las Cortes y se convocaron elecciones en diciembre de 1920. Dato, que intentó retomar las negociaciones, cambió a una política represiva cuando asesinaron al conde de Salvatierra a manos de los anarquistas. Tan solo en 1919 hubo 87 atentados y 292 en 1920 como resultado de esta huelga. En total, la huelga dejó un saldo de 523 víctimas mortales entre obreros, patronos, sindicalistas y autoridades.

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