Propuestas teóricas de reforma del Sistema Monetario Internacional de Bretton Woods

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Hubo varios planes de reforma del SMI establecido en Bretton Woods. Si bien por lo general no pasaron del plano teórico, sí sirvieron para poner de manifiesto las lagunas que arrojaba un SMI que se había establecido en una época distinta y que, al variar la situación económica, el cambio ejercería presión sobre las normas establecidas.

Propuestas teóricas en la década de los ’60: Los defectos del Sistema

Las propuestas de reforma del SMI se enfrentaban a tres problemas que debían solucionarse en pos de la estabilidad monetaria internacional: liquidez, confianza y ajuste.

La obra que más influyó en la evolución de los planteamientos fue “El oro y la crisis del dólar” (1960) de R. Triffin, en el que se cuestionó la viabilidad del patrón cambios-oro al poner de relieve que al aumentar la oferta de oro más lentamente que la demanda de reservas, la creciente necesidad de liquidez internacional sólo se cubriría poniendo más dólares en circulación.

La acumulación de dólares en las reservas de los países tenía unos límites potenciales debidos al factor confianza, al poder llegar un momento en el que no se podría mantener el precio del oro al disminuir las reservas netas de USA al cumplir la solicitud de convertibilidad de dólares en oro. Por esto, los países que mantenían la mayor parte de sus reservas en dólares optaron por renunciar a la convertibilidad para evitar el derrumbe del sistema, y en la práctica funcionó como patrón cambio-dólar. Esta obra supuso una modificación de la propuesta de Keynes de 1943 sobre la creación de depósitos en Bancor y la Unión del Clearing Internacional.

Triffin propone transferir parte de las reservas de los países al FMI a cambio de depósitos en este Fondo, que se llamarían Bancor solucionando así el problema de confianza. Estos Bancor permanecerían líquidos y se considerarían parte de las reservas de cada país y se podrían usar en pagos internacionales, por lo que serían una nueva moneda internacional. El Fondo tendría nuevas funciones transformándose en un Banco Central de Bancos Centrales que gestionaría la liquidez internacional mediante la gestión de los préstamos. El oro permanecía como respaldo último del sistema. El plan Triffin desembocaba en un FMI reforzado, que garantizaba la liquidez y ajuste del Sistema donde la confianza quedaba garantizada de manera automática.

Sir Maxwell Stamp (1958-1962) propuso otro plan, en el cual el FMI emitiría certificados de crédito, que servirían como garantía de obligaciones internacionales hasta una cantidad igual a la cuota de cada país en el Fondo. A diferencia de los Bancos, no se usarían como medio de pago más que en casos extremos, y el Fondo los pondría a disposición de los mismos mediante préstamos a instituciones de desarrollo como la AID, que proporcionaría liquidez a países con problemas.

La provisión de liquidez al sistema fue una de las principales preocupaciones de las propuestas de reforma monetaria internacional del período considerado por el peligro de provocar un aumento de la inflación mundial, difícil de controlar si había demasiados recursos monetarios. Los sistemas de Triffin y Stamp conceden gran importancia al aumento de la liquidez controlada por un organismo internacional fortalecido, lo cual se traduciría en una pérdida de soberanía nacional sobre las variables monetarias internas.

Además de los dos mencionados, hubo varios planes para afianzar el patrón cambios-oro, como el de Edward Bernstein (1963). El oro se mantenía el sistema por razones históricas de liquidez y seguridad, pero al basarse en la convertibilidad en dólares, la estabilidad se basaba en la voluntad de que los países con gran componente en reservas de dólares en no pedir la convertibilidad del dólar en oro. Así mismo, los países más importantes debían depositar sus reservas en el Fondo y como contrapartida se crearían unas unidades de reserva que suplementarían al oro y deberían ser aceptadas por los países del FMI hasta un porcentaje determinado de sus tenencias en oro.

El Fondo se encargaría de gestionar este sistema, cuyo funcionamiento se garantizaría por la asistencia mutua entre Bancos Centrales. Esta parte del plan Bernstein, que propone la creación de una nueva unidad de contrapartida a los depósitos del FMI, se recogió en el Informe del Comité Ossola en 1965, elaborado a instancias del Grupo de los 10, que deseaban hacer hincapié en la creación de un nuevo activo reserva internacional, que serían precedentes de los actuales Derechos Especiales de Giro.

Zolotas, Roosa y Per Jacobsson también presentaron propuestas para fortalecer el patrón cambio-oro. El primero preveía que los países proporcionasen garantía-oro de los saldos de las monedas en poder de las autoridades monetarias extranjeras para evitar los movimientos desestabilizadores de capital. Roosa apoyaba un sistema de reserva múltiple en lugar de basarse en dos o tres monedas. Jacobsson mantendría el patrón cambios-oro e incrementaría los recursos del Fondo a través de préstamos de sus miembros, y que se realizó desde los ’60.

Autores como Sir Roy Harrod consideraron que se podría continuar con el patrón cambios-oro por la elevación de su precio ya que la escasez de liquidez quedaría resuelta. El problema era la escasez de reservas, y la elevación del precio del oro fomentaría el desatoramiento desincentivando la especulación.

Por último, hay otro grupo de planes que proponían la vuelta al patrón oro, que esperaban que así volviera la estabilidad monetaria anterior a 1914. Rueff publicó en 1961 “El patrón cambios-oro: un peligro para Occidente”, donde abogaba por la desaparición de este sistema culpándolo del deterioro de la balanza de pagos americana. Estos planes no se llevaron a cabo, pero sí sirvieron como informantes a ciertos sectores de la economía evidenciando los peligros del sistema y la necesidad de variar planteamientos económicos.

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