Logros y límites económicos de la antigua civilización

El apogeo de la civilización clásica, al menos en lo que refiere en su apogeo económico tuvo lugar durante los dos primeros siglos de la era cristiana. Roma había absorbido ya la cultura helenística antes de dominar el Mediterráneo, y heredó los logros y las instituciones económicas helenísticas. El Imperio griego fue esencialmente marítimo, basado en la tradición que los fenicios establecieron antes que ellos.

Los imperios terrestres como Persia tenían que mantener un ejército permanente para la defensa de sus fronteras, en cambio los imperios marítimos como el de Grecia podían tener los barcos en reserva hasta que fuesen necesarios. Los romanos hicieron que las rutas de abastecimiento de su imperio fuesen las marítimas mediterráneas, lograron las mejores características de los imperios marítimos y terrestres que les habían precedido.

En su origen, los romanos eran un pueblo agricultor, la mayoría cultivaba pequeñas haciendas y respetaba el derecho de propiedad. A medida que se extendieron sus dominios, su interés por los asuntos militares y administrativos fue en aumento, pero su apego a la tierra no desapareció. El comercio no gozaba de gran consideración, se dejaba en manos de clases sociales inferiores, de extranjeros o incluso esclavos. El derecho romano, cuidaba del estricto cumplimiento de los contratos, de hacer valer el derecho de propiedad y de llegar a un acuerdo rápido en los litigios; proporcionaba un marco legal coherente y uniforme para la actividad comercial en todo el imperio.

El carácter urbano del Imperio romano fue posible por su desarrollada red comercial y la división del trabajo que la sustentaba. Roma en su momento de máximo apogeo llegó a tener una población que superaba el millón de habitantes. Como una población tan concentrada no podía mantenerse únicamente de los recursos locales, se organizaron grandes flotas para traer el trigo de Sicilia, el norte de África y Egipto.

La mayor contribución de Roma al desarrollo económico fue la pax romana, el largo periodo de paz y orden en la cuenca mediterránea que permitió que el comercio se desarrollase en las condiciones más favorables. Antes del siglo III las legiones romanas estaban constantemente ocupadas en conquistar algún nuevo territorio, reprimir algún vecino o aplastar una rebelión de nativos, pero tales alteraciones tenían lugar en la periferia del imperio y raramente afectaban a las rutas comerciales más activas. La piratería y el bandidaje habían sido eliminados casi por completo. La arteria fundamental del transporte fue el Mediterráneo, que se convirtió en la gran vía del tráfico comercial.

La población del imperio en su momento cumbre oscilaba entre 60 y 100 millones.

Es indudable que hubo una cierta mejora, lo cual simultáneamente permitió y favoreció el crecimiento demográfico.

Comercio y desarrollo en el mundo mediterráneo

Comercio mediterráneoEl milenio entre el año 800 a.C. y el 200 d.C. la civilización clásica del Mediterráneo alcanzó un nivel de desarrollo económico que no se superó hasta el siglo XII o XIII. Teniendo en cuenta la ausencia de progreso tecnológico en esa era, la explicación debería buscarse en la amplia división del trabajo de una red comercial y de mercados altamente desarrollada.

El alto coste del transporte por tierra se limitaba a mercancías de un valor muy alto como el oro, la plata, piedras preciosas, telas lujosas, especias, perfumes, objetos artísticos y religiosos.

Los fenicios fueron el primer pueblo especializado en el comercio y la navegación. Monopolizaron durante mucho tiempo el comercio con Egipto, sirviendo de mercaderes o agentes de los faraones.

Los fenicios se organizaron políticamente en ciudades-estado autónomas. Su actividad comercial les llevó a desarrollar el alfabeto, un sustituto más eficaz que los jeroglíficos y la escritura cuneiforme que junto a otras técnicas comerciales suyas, fue adoptadas por griegos y romanos. Para fomentar el comercio establecieron colonias a lo largo de la costa del norte de África y el Mediterráneo occidental.

Los otros grandes comerciantes marítimos del Mediterráneo fueron los griegos, éstos eran originalmente agricultores, pero sus tierras rocosas pronto les condujo al mar para poder complementar su pobre producción agrícola.

El movimiento colonizador desempeño una función económica, además de servir para aliviar la presión demográfica.

Los artesanos griegos, alfareros y trabajadores del metal, trabajaban con tal habilidad que sus artículos eran muy solicitados en toda el área de la civilización clásica. Los mercaderes y marinos griegos también se convirtieron en transportistas de otros pueblos no navegantes, como los egipcios.

Estos progresos comerciales y financieros fueron facilitados por una innovación menor en cuanto a su significación técnica, pero de trascendental importancia económica: el dinero en moneda. La moneda simplificó en gran medida las transacciones comerciales y permitió que el sistema de mercado se extendiese a individuos y grupos que de otro modo habrían permanecido aislados en una economía de subsistencia cerrada.

Se desconoce quién fue el inventor de la moneda. Las monedas más antiguas que poseemos, del siglo VII a.C. proceden de Asia Menor. Leyendas moralistas atribuyen el invento conjuntamente a Midas (rey de Frigia) y a Creso (rey de Lidia); pero lo más probable es que las primeras monedas fuesen acuñadas por algún mercader emprendedor de una de las ciudades griegas de la costa. Pronto los gobiernos se dieron cuenta de que con la moneda había posibilidad de obtener beneficio y prestigio, y acuñaron moneda como un monopolio estatal.

Las primeras monedas se hicieron de electro, una aleación natural de oro y plata que podía encontrarse en los valles de aluvión de Anatolia. Aunque se fabricaban tanto monedas de oro como de plata, esta última era más abundante y más práctica para el comercio. Las minas de plata de Laurion que eran propiedad del estado de Atenas, proporcionaban los recursos para la construcción de trirremes (barco de guerra). Este nuevo barco fue decisivo para los griegos en su lucha contra la invasión persa y posteriormente les permitió ejercer tal dominio que se convirtieron en el Imperio ateniense. También fue la plata de Laurion la que ayudó a Atenas a financiar una balanza comercial permanentemente desfavorable. Indirectamente la fuente de ingresos contribuyó a la construcción de los grandes monumentos y edificios públicos por los que Atenas se hizo famosa.

Las ciudades griegas se agotaron en guerras intestinas que resultaron enormemente destructivas, pero las conquistas de Alejandro Magno difundieron la cultura griega (o helenística) por todo el Cercano y Medio Oriente. A pesar de que el imperio de Alejandro se desintegró tras su muerte, la unidad cultural y económica se mantuvo. Alejandría con una población que rondaba el medio millón de habitantes era el mayor emporio de su época. Por sus mercados pasaban las exportaciones egipcias y cientos de artículos y productos exóticos de todas partes del mundo.

Bases económicas del imperio

Bases económicas del imperioUna de las características más notables de la historia antigua es el auge y ocaso de los imperios.

Primer gran imperio mundial el de Sargón de Acad (2350-2300 a.C.), las crónicas históricas registran una profusión de imperios: Babilonia, Asiria, los hititas, los persas,  hasta la caída del Imperio Romano de Occidente (476 d.C), el proceso continuó durante la Edad Media europea, con los imperios islámicos a partir del siglo VII, el Imperio Bizantino y la destrucción final de éste por el Imperio turco otomano en el 1453 d.C.

A principios del tercer milenio, una clase guerrera cuyo mando ostentaban reyes o jefes impuso su autoridad junto a las de los sacerdotes o por encima de la de éstos. Ni la clase guerrera ni la sacerdotal se ocupaban de las tareas productivas, excepto en las funciones de dirección y vigilancia, y en ese sentido explotaban a los trabajadores y a los campesinos. En la Antigüedad la propiedad privada no constituyó la base legal de la sociedad o el Estado. La regla general era alguna forma de propiedad colectiva o estatal. Se reconocía el derecho a la propiedad privada de herramientas, armas y otras posesiones personales, pero la propiedad privada no era un derecho absoluto.

La base económica de los antiguos imperios residía en el botín, los tributos y los impuestos que los conquistadores obtenían de los conquistados y de las masas campesinas.

Dado el carácter depredador de los imperios de la Antigüedad, en términos de avance tecnológico, su aportación es bastante escasa. Casi todos los elementos tecnológicos de los que se sirvieron las civilizaciones antiguas (los cultivos, los animales domésticos, los tejidos, la cerámica, la metalurgia, la arquitectura monumental, la rueda, los barcos de vela, etc, habían sido inventados o descubiertos antes del alba de la historia escrita. El logro tecnológico más notable del segundo milenio (1400-1200 a.C.) fue el descubrimiento del proceso para fundir el mineral de hierro, que se empleaba sobre todo para fabricar armas.

Aunque hubo pocos descubrimientos importantes, se hicieron muchas mejoras técnicas de carácter menor, sobre todo en la agricultura. Durante la época helenística y el Imperio romano se escribieron multitud de tratados sobre diversos aspectos de la agricultura y de ocupaciones relacionadas con ella. Las peculiaridades del clima, la topografía y el suelo de la cuenca mediterránea definieron métodos agrícolas más favorables. La riqueza de las grandes civilizaciones ribereñas se basaba en la agricultura de regadío, que requería un alto grado de organización y disciplina de la mano de obra. En zonas como el norte de África y el sur de España se desarrolló la técnica del “cultivo en seco”, se trataba de agricultura que requería mucha mano de obra por unidad de tierra, y dejaba poco excedente que poder gravar con impuestos. Y allí donde el terreno era apropiado y la mano de obra abundante, tanto para el propietario como para el gobierno resultaban más rentables grandes fincas.

A pesar de que la tecnología quedara casi estancada, los logros económicos de los imperios de la Antigüedad fueron considerables. Las expediciones que organizaron con fines comerciales o de conquista difundieron los elementos tecnológicos y aportaron nuevos recursos. Se estableció la ley y el orden en áreas cada vez mayores, se facilitó el aumento del comercio y, con ello, la especialización regional y la división del trabajo.

La aparición de la civilización

Hace 10.000 o 12.000 años con la retirada de los últimos glaciares continentales fue un periodo de cambios geográficos y climáticos. La mejoría del clima tuvo su contrapartida en la desaparición de muchos de los mamíferos que componían  la dieta básica de los cazadores.

Directamente relacionados con los cambios climáticos, en los cuatro o cinco milenios que siguieron a la retirada de los glaciares se produjeron importantes avances tecnológicos. Los utensilios de piedra, como los objetos artísticos y religiosos, se hicieron más complejos y refinados. Había llegado el Neolítico o “piedra nueva”. Algunos afirman que hubo un nebuloso Mesolíticos o Era de Transición. Los puntos de partida fundamentales de la nueva era fueron la invención de la agricultura y la domesticación de los animales.

El escenario más probable es un lugar llamado Creciente Fértil, la franja de territorio que se extiende a lo largo del extremo oriental del Mediterráneo, atraviesa las colinas del norte de Siria e Irak, y desciende por los valles del Éufrates y el Tigris hasta el golfo Pérsico. Los antepasados silvestres del trigo y la cebada crecían naturalmente en esa área. Las mujeres, que permanecían en campamentos provisionales recolectaban las semillas silvestres y con el tiempo empezaron a cultivarlas, mientras que los hombres cazaban cabras y ovejas en las montañas cercanas. El proceso debió empezar ya en el año 8000 a.C. La Agricultura sedentaria que abarcaba el cultivo de trigo y cebada, y el cuidado de ovejas, cabras, cerdos y vacas, estaba totalmente asentados en el área que va del oeste de Irán al Mediterráneo y a través de las montañas de Anatolia hasta ambos lados del mar Egeo. Desde esta zona se fue extendiendo gradualmente a Egipto, India, China, Europa Occidental. Jared Diamond ha argumentado que la difusión de innovaciones que mejoraban la producción ocurrió de forma más natural y más abundante en la masa terrestre euroasiática, debido a que su enorme extensión y diversidad ocasionó la aparición de muchas más especies de plantas y animales a partir de los cuáles obtener cosechas cultivables y animales domésticos; y una vez que se lograba un éxito en cualquier lugar con una cosecha o animal, ese mismo éxito podía replicarse casi en cualquier otra parte a lo largo de la misma latitud.

Por primera vez el hombre podía fundar asentamientos relativamente estables, que junto a la mayor productividad de sus esfuerzos, le abrió la posibilidad de acumular mayor cantidad de bienes materiales, y a la vez, dedicar más tiempo a actividades no directamente relacionadas con la mera subsistencia, como el arte y la religión.

Los cambios se dieron de manera gradual a lo largo de un período de cientos, quizás miles, de años. Durante muchas generaciones, la caza y la agricultura fueron actividades complementarias, con el pastoreo como posible etapa de transición. Conforme dominaban las técnicas de agricultura y se volvió más eficaz y productiva, disminuyó la importancia económica de la caza, pero nunca llegó a perder su importancia simbólica, produciéndose de forma natural la transición de cazador a guerrero y soberano. Los cambios se debieron a la necesidad de adaptarse a un medio hostil. Tanto las relaciones sociales como los métodos de producción estaban regidos por la costumbre y la tradición.

Los utensilios que empleaban los primeros agricultores eran extremadamente sencillos: primitiva hoz, azadas sencillas… Gradualmente se fueron incorporando nuevos utensilios, nuevas técnicas, nuevas cosechas y nuevos animales. Entorno al 6000 a.C. el ganado vacuno estaba domesticado. En Anatolia se cultivaban lentejas, guisantes y algunos tubérculos, con anterioridad a esa fecha. Se inventó la cerámica, más frágil que la vasijas de piedra pero de fabricación menos laboriosa. A principios del 5000 a.C. se fabricaban tejidos de lino (técnicas de hilar y tejer). Considerando lo pronto que se domesticaron cabras y ovejas, parece probable que la lana fuese el primer sustituto de las pieles.

La vida sedentaria de los poblados agrícolas permitió una división del trabajo mejor que la que determinaban el sexo y la edad. La división del trabajo implica especialización, y la especialización lleva a una mayor eficacia y al progreso tecnológico. Los avances en un campo propiciaron los avances en otros (efectos secundarios o spin offs). Las tribus migratorias que se asentaron en un lugar sustituyeron los refugios temporales (tiendas hechas de pieles o ramas) por habitáculos más cómodos y permanentes: refugios subterráneos, y después casas hechas con ladrillos de barro secado al sol.

La metalurgia pudo originarse de forma análoga. Aunque se han encontrado objetos de oro y cobre que datan del sexto milenio a.C. la producción regular de cobre no comenzó hasta el quinto o quizás cuarto milenio.

La división del trabajo y la evolución de las nuevas artes, como la metalurgia y la alfarería, requerían alguna forma de intercambio o comercio. La naturaleza de tal intercambio variaba según la distancia a la que tenían que transportarse las mercancías. La costumbre establecía los términos del intercambio entre comunidades próximas, pero para bienes muy concretos localizados a gran distancia, como metales o pedernales, era necesario un intercambio organizado. El trueque se venía practicando desde la última parte del Paleolítico y principios del Neolítico. Quizás los cazadores migratorios y las tribus nómadas dedicadas al pastoreo llevasen los utensilios. Tras el surgimiento de las ciudades-estado y los imperios, se organizaron expediciones comerciales y de saqueo.

Una de las principales consecuencias de la invención de la agricultura fue el aumento de la capacidad para sustentar a sus poblaciones. La agricultura llegó al valle del Nilo antes del año 4000 a.C. Aproximadamente en el año 2500 a.C. había penetrado ya en el valle del Danubio, el Mediterráneo occidental , el sur de Rusia y China. A veces, al difundirse se introducía alguna modificación, por la diferencia de climas y recursos. En el norte de China las semillas de mijo y soja se convirtieron en el alimento básico. En el sudeste asiático la base de su agricultura fue el taro y más tarde el arroz (1500 a.C.), el animal doméstico más importante fue el búfalo de agua. En el sur de Rusia y Asia Central, sus habitantes se dedicaron al pastoreo, fue seguramente allí donde en el tercer milenio se domesticó al caballo.

La unidad básica de organización económica y social de las primeras comunidades agrícolas era la aldea de labradores, compuesta por un número de familias que oscilaba entre diez y cincuenta, y una población total de entre cincuenta y trescientas personas. La provisión de alimentos era algo más regular y segura, y las viviendas sin duda eran más cómodas; pero la población tendía a aumentar al mismo tiempo que los medios con que mantenerla, los campesinos seguían viviendo en el límite de la subsistencia. Cualquier desastre natural, como una sequía, una riada o una plaga de insectos podía hacer estragos en toda una aldea; y su asentamiento las hacía más propensas a epidemias. Es probable que la vida media no sobrepasara los veinticinco años.

Las costumbres y la tradición, interpretadas por un consejo de ancianos, gobernaban las relaciones entre los miembros de la comunidad. Se reconocía la propiedad privada de utensilios, armas y adornos, pero la propiedad de tierras y ganado era colectiva. Aunque en cada aldea algunos individuos gozasen de una situación especial por su sabiduría, fuerza, valor u otras cualidades de liderazgo reconocidas por todos, no había clases privilegiadas, la obligación universal de trabajar la dictaban tanto la tecnología como los recursos.

La Baja Mesopotamia, la región entre los ríos Tigris y Éufrates situada al norte del golfo Pérsico, antes del año 4500, poseía una densidad de población mucho menor que la de otras regiones habitadas del Cercano y Medio Oriente. Su suelo pantanoso no era apropiado para la primitiva cultura de azada del Neolítico. Mil años después, en esta tierra se asentó la primera gran civilización, la de Sumer, con enormes concentraciones humanas, ciudades, arquitectura monumental y ricas tradiciones religiosas, literarias y artísticas. La base económica de esta primera civilización estaba en una agricultura altamente productiva.

La fertilidad natural de sus negras tierras requería un elaborado sistema de drenaje y riego para el que a su vez se necesitaba muchos trabajadores disciplinados, además de una experta supervisión y un diestro control. Éstos fueron ejercidos por una clase formada de sacerdotes y guerreros que gobernaban sobre una gran población de siervos, formada por agricultores y artesanos. A través de los tributos, los impuestos y la esclavitud, los gobernantes obtuvieron la riqueza que se destinó a la construcción de templos y edificios públicos y a la creación de obras de arte.

La aparición de la civilización trajo consigo una mayor complejidad en la división del trabajo y en el sistema de organización económica. Los artesanos se especializaron en la fabricación de telas y cerámica, trabajo del metal y otras artes. Nacieron entre otras, las profesiones de arquitecto, ingeniero y médico. Se sistematizaron pesos y medidas, se inventaron las matemáticas y surgieron formas primitivas de ciencia. Como la región de Sumer prácticamente no tenía más recurso natural que su rico suelo, tenía que comerciar con pueblos menos adelantados, lo que contribuyó a la difusión de la civilización sumeria. En las ciudades sumerias la piedra tenía que competir con el cobre importado. La metalurgia se consideraría uno de los distintivos de la civilización.

La invención de la escritura tuvo su origen en una necesidad económica. Las primeras ciudades eran ciudades-templo, es decir, organizaciones  económico-religiosas centradas en el templo de la deidad local, representada por una jerarquía eclesiástica. Los miembros de esta jerarquía se ocupaban de dirigir los trabajos de riego, drenaje y agricultura en general, y supervisaban la recaudación de la producción como impuesto o tributo. La necesidad de llevar un registro de las fuentes y utilizaciones de este tributo indujo al uso de sencillos pictogramas grabados en tablillas de arcilla antes del 3000 a.C., rasgo distintivo de la civilización mesopotámica.

Aunque la escritura fue una respuesta a la necesidad de llevar registros administrativos, pronto se descubrieron muchos otros usos religiosos, literarios y económicos. En una fase posterior de desarrollo, cuando la estricta organización centrada en el templo dio paso a mayor libertad, las tablillas de arcilla registraron los pormenores de contratos, deudas y otras transacciones comerciales y financieras.

Las expediciones comerciales en busca de materias primas, en especial metales y quizás otros productos, sirvieron de estímulo a las incipientes civilizaciones de Egipto, del Mediterraneo oriental y del área del Egeo, de Anatolia y del valle del Indo.

Las ciudades-templo de Sumer tenían una estructura social jerárquica. Los campesinos y trabajadores sin cualificar, que sumaban el 90% de la población, vivían como siervos y esclavos, careciendo de derecho alguno, ni siquiera el de propiedad. La tierra pertenecía al templo (o a su deidad) y la administraban los representantes de ésta, los sacerdotes.

Desarrollo económico en la Antigüedad

Los antepasados del Homo Sapiens, eran con toda probabilidad criaturas omnívoras que se basaba su dieta básica en tubérculos, bayas y frutos secos, peces, moluscos, carne de pequeños animales que cazaban. Sus toscas herramientas, bien tomadas directamente de la naturaleza, bien sometidas a un mínimo refinamiento, se utilizarían para cavar, raspar y triturar. En el transcurso de los milenios, la evolución biológica fue acompañada pro la evolución social y el desarrollo tecnológico. Se descubrió que ciertos tipos de piedras, como el pedernal y la obsidiana, eran apropiados para construir útiles con ellas; asimismo, el hueso, el cuerno y el marfil entraron a formar parte de los materiales empleados en la fabricación de herramientas. Al principio, esta evolución tecnológica se produjo tan lentamente como la propia evolución biológica, pero es probable que se acelerase en los últimos 50.000 años. Hacia finales de la última glaciación (Würm), hace unos 20.000 o 30.000 años, los hombres del final del Paleolítico habían alcanzado un estado relativamente avanzado de desarrollo tecnológico, y también de desarrollo social. En esta época, los hombres esencialmente eran cazadores carnívoros.

La unidad de organización social era la banda o tribu, compuesta por una media docena de familias. Eran fundamentalmente grupos migratorios en busca de caza, pero solían mantenerse dentro de un área geográfica determinada y a veces regresaban periódicamente a un centro de ceremonias. Aunque los contactos entre bandas fuesen raros, no lo eran tanto como para impedir la difusión de peculiaridades y técnicas sociales, y tal vez primitivos trueques, incluido el intercambio de mujeres. Las pautas de matrimonio y parentesco habían evolucionado, y la prohibición del incesto era universal. Las magníficas pinturas rupestres del norte de España y del sudoeste francés, realizadas hace 20.000 años, nos proporcionan alguna indicación del nivel de desarrollo cultural.

Dada la naturaleza de su economía, los hombres del Paleolítico estaban sujetos a ciclos recurrentes de escasez y comida abundante, dependiendo de los movimientos de la caza y la fortuna en las cacerías. En los períodos de escasez, sólo los más fuertes sobrevivían, y en hambrunas prolongadas, comunidades enteras perecían o migraban.

Los hombres del Paleolítico se distribuyeron por toda la superficie el planeta. A finales del periodo, hace unos 10.000 o 12.000 años, habían ocupado prácticamente todas las zonas habitables de la Tierra. La densidad de población variaba en proporción a la flora y la fauna que le servía de medio de subsistencia. La mayor densidad se dio en las zonas tropicales y subtropicales. A finales del Paleolítico el Homo Sapiens poblaba la Tierra aproximadamente 10 millones.

Logística del crecimiento económico

El término logística se usa para referirse a la organización del aprovisionamiento de un grupo numeroso de personas, como por ejemplo el ejército. Pero logística es también el nombre que recibe una fórmula matemática. La curva que la representa tiene forma de S alargada. Matemáticamente, la curva se acercaría en el límite a una asíntota horizontal paralela a la asíntota de origen.

Se ha observado también que las curvas logísticas pueden representar con cierta aproximación muchos fenómenos sociales, especialmente los crecimientos demográficos. En el caso de Europa, se han identificado tres ondas que describen periodos largos de crecimiento demográfico, cada uno de ellos seguido por un periodo de relativo estancamiento, o incluso descenso.

  • 1ª. El primero comenzó en siglo IX o X, el índice de crecimiento alcanzó su punto más alto probablemente en el siglo XII, empezó a disminuir en el s.XIII y terminó de forma abrupta con la peste de 1348, Europa perdió un tercio o más de su población total.
  • 2ª. Tras un siglo de relativo estancamiento, la población empezó a crecer de nuevo a mediados del siglo XV, logró su tasa más alta en el XVI, y en el XVII otra vez se estabilizó.
  • 3ª. Hacia mediados del siglo XVIII, el proceso se puso nuevamente en marcha, esta vez con mucha más fuerza, y siguió a un ritmo sin precedente hasta que fue interrumpido, en la primera mitad del siglo XX, por las dos guerras mundiales y las calamidades que las acompañaron.

Existen pruebas de una cuarta logística, esta vez a escala mundial, que tiene lugar desde la Segunda Guerra Mundial.

Cada una de las fases de crecimiento demográfico acelerado fue acompañada de crecimiento económico, en el sentido de que aumentaron tanto la producción total como la producción per cápita.

La hipótesis de que el crecimiento económico acompaña al demográfico se apoya en la evidencia incuestionable de la expansión, tanto física como económica, de la civilización europea durante cada una de las fases de crecimiento demográfico acelerado.

Notables periodos de fermento intelectual y cultural también han estado relacionados en cierto modo con la logística. En fases de crecimiento acelerado de cada período ha habido explosiones de creatividad artística e intelectual, proliferación de arquitectura monumental.

Los orígenes del Renacimiento se hallan en la gran depresión del final de la Edad Media. Como ya se ha dicho, con una tecnología dada, los recursos disponibles son los que fijan los límites máximos de los logros económicos de una sociedad, incluyendo el tamaño de su población. El cambio tecnológico (aumento de la productividad y se da a conocer nuevos recursos) produce el efecto de elevar el techo, haciendo posible de este modo que la población crezca. Si no hay otro cambio tecnológico se produce el fenómeno de los rendimientos marginales decrecientes, la sociedad se topa con un nuevo techo productivo y la población de nuevo se estanca hasta que una nueva “innovación trascendental” vuelve a provocar un aumento de la productividad y da a conocer nuevos recursos.