Especial reclamaciones I: Pides una hoja de reclamaciones y te dan la de sugerencias
Voy a dedicar a el día de hoy a escribir sobre las míticas hojas de reclamaciones, las grandes desconocidas por algunos y odiadas por otros. Para comenzar a hablar sobre ellas primero diré que na hoja de reclamaciones supuestamente ha sido creada para mostrar la disconformidad del consumidor por algún asunto relacionado con el establecimiento a reclamar. Esta puede ser puesta en dicho establecimiento o también en la oficina del consumidor. Dicho esto comencemos a hablar sobre un caso que particularmente me parecería de delito: el que no te den una hoja de reclamaciones.
Tengo que decir que de las últimas 5 veces que he pedido una hoja de reclamaciones nunca me la han llegado a dar debido a los sobornos que te hacen en el establecimiento; sin embargo esto lo dejaré para el siguiente post. Vamos a hablar del caso particular en el cual pides una y te dan una de sugerencias, que no es otra que una hoja destinada al control interno para ver las sugerencias de los clientes.
No todos nosotros tenemos un carácter fuerte y sabemos a la perfección nuestros derechos. Existe una parte de la población que pone una hoja de reclamaciones por primera vez en su vida producto de la indignación que le produce algo. Tengo un caso concreto en mente y es el que pasó en la ciudad deportiva Príncipe Felipe de Arganda del Rey. Parece ser que un día se pasaron con el cloro en la piscina y eso empezó a parecer el capítulo de Los Simpsom cuando todos se ponen malos en el cumpleaños de Marti. Los chicos de competición a duras penas nadaban, los que iban por libre se tenían que salir ya que casi se quedaban sin oxígeno y la gente que hacía cursillos salía indignada de allí a poner “hojas de reclamaciones”. Creo que ese día si de verdad hubieran puesto hojas de reclamaciones en la piscina verdaderamente hubieran tenido un serio problema, ya que al menos hubieran sido 50. Sin embargo, ¿qué pasó? Pues pasó que no se pusieron hojas de reclamaciones, sino de sugerencia. ¿Motivo? 1) El desconocimiento de los pobres nadadores y 2) La picardía de la ciudad deportiva.
El resultado fue que todo quedó como un papel roto. Eso sí, la ciudad deportiva a partir de ese momento comenzó a medir mejor los niveles de cloro en agua. Pese a que haya un final feliz soy partidario de los castigos cuando se producen y no del “la próxima vez que…”. De cualquier manera, el desconocimiento y la maldad reinan por doquier en este caso particular de las hojas de reclamaciones.

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