Asistimos una vez más a la decadencia, si es que alguna vez han estado en alza, de los valores éticos. ¿Cuántas veces no hemos oído la frase “tiene mucho carácter” asociada a un imberbe chillón?
Es curioso como desde la televisión, y desde todos los estamentos de la sociedad, se premia con la admiración al que más grita, al que pega un portazo o al que te da dos leches. Lo vemos en la telebasura; comportamientos preadolescentes en cuerpos de treinta y pico primaveras, lenguaje zafio, vulgar. Las tertulias y debates convertidos en corrales en las que no se distinguen tres palabras seguidas o un argumento sólido. Y aplausos para todo el que dice: yo todo lo digo a la cara y bien clarito.
Bien, pues todo el que dice eso miente, para empezar. Y si es verdad es que no tiene ni una pizca de humano. No hay que ser mezquino ni tener dos caras, pero tampoco se puede ir diciendo lo que nos parece continuamente, porque todos tenemos pensamientos ocultos precisamente porque si los dijéramos sería imposible la vida en sociedad. Admitir esto es de ser sincero.
Lo segundo, los padres son los primeros que inculcan a muchos que uno se hace respetar mostrando rabietas de niñato consentido, contestando a los profesores y mayores o sacudiendo a los demás. Y cuando se oye una palabrota de boca de un adolescente con más NM que PA, los padres se excusan en: tiene mucho carácter. Y los demás asienten satisfechos.
No hombre, no. Tener carácter es algo positivo. Ser falto de respeto, carecer de las mínimas aptitudes para la convivencia, ser dominante, violento, egoísta y caprichoso, no. El carácter se demuestra cuando todos tus amigos dicen “sí” y tú dices “no”. Se demuestra cuando sales de situaciones difíciles airoso y sin llamar la atención. Se demuestra cuando uno aprende de sus errores y no los repite, cuando se aceptan responsabilidades y cuando se asumen consecuencias por nuestros actos. Así se demuestra el carácter, y dudo mucho que cualquiera de estos padres orgullosos y alentadores del despotismo de sus hijos sea capaz de observar en ellos alguna de estas cualidades.
También es muy recurrida la frase: “no lo tomes en cuenta, no es sólo contigo, él es así, es su carácter”. No entiendo……..¿es igual de idiota con todo el mundo? Pues no sé que me sienta peor.
Parece que si te escudas en la frase mágica “es mi carácter, te chillo pero es que yo hablo así” tienes derecho a faltar al respeto o a dejarme sordo a gritos. Pues si ese es tu carácter que te aguante otro, o cambia de carácter, porque no es excusa para faltar a nadie demostrar una verdadera falta de compostura, o una incapacidad para reprimirse propia de los animales.
Pues bien, esto es lo que ahora está de moda. La falta de humildad entre los fracasados que atribuyen a un “exceso de carácter” lo que en realidad son defectos graves. El carácter fuerte nunca es excesivo.















