El tabaco puede producir cáncer en los pulmones, laringe, aparato urinario, digestivo y un largo etcétera.
Produce además bronquitis, hipertensión, muerte súbita en el feto, lesiones oculares, problemas coronarios, úlceras, impotencia, derrames cerebrales, asma, envejecimiento de la piel, enfermedades bucales de todo tipo, disminuye el oxígeno que llega con el flujo sanguíneo a nuestros órganos y otro larguísimo etc.
¿Realmente el tabaco es tan malo? Cierto es que la planta del tabaco contiene elementos tóxicos, pero es muy significativo el hecho de que el problema del tabaco se haya hecho patente en la sociedad a partir de la comercialización del tabaco mecanizado.
Ciertamente, los componentes que se encuentran en la planta de tabaco de forma natural, no son tranquilizadores. Encontramos la archiconocida nicotina y el alquitrán, y otros elementos perjudiciales para la salud, como el polonio210, sustancia con la que se asesinó al ex-espía Litvinenko. ¿Pero morían antes por esta causa 3.500.000 personas anualmente en el mundo? ¿O a raíz de la comercialización a gran escala del tabaco se añadieron fertilizantes que multiplicaban estos efectos nocivos? Yo diría que sí, además de la incorporación de forma artificial de otros componentes que multiplican a su vez sus efectos adictivos. El tabaco libera en su combustión cerca de 4000 compuestos, entre ellos algunos tan alarmantes como el amoniaco, que no se encuentran de forma natural en la planta.
Si una empresa de producción de lácteos añadiera productos adictivos y nocivos para la salud, con el fin de fidelizar clientes, seguramente se formaría un escándalo, y mucha gente pagaría por ello. El tabaco se habrá cobrado un número de víctimas similar a la del nazismo, y nadie ha pagado todavía.
¿Cuántas veces hemos oído que nuestros abuelos fumaban puros, y nunca les pasó nada? Pero ellos fumaban tabaco, y lo que ahora se hace es como meterse un tubo de escape en la boca y arrancar el motor. ¿Qué sería de las ventas si el tabaco tuviera su fuerte sabor original, su penetrante y rancio olor y su escasa facilidad para ser consumido en cinco minutos?
Antiguamente no se fumaba a todas horas; un pitillo al despertar, otro en la parada del bus, después de comer, y así hasta la cajetilla diaria. Era más bien un hábito social, reservado a determinadas reuniones y momentos específicos del día. Nadie fumaba veinte cigarrillos diarios.
Pero resulta que a partir del espectacular incremento del consumo de este producto, los tentáculos todos los Estados del mundo alcanzaron un nuevo filón de ingresos, y actualmente, en el caso español, el tabaco esta gravado con un 63% de su precio total. Mientras los fabricantes y gobiernos amasan fortunas, gran parte de la población muere envenenada por una droga mortífera.
Por eso me gustaría pedir un imposible: que todos los jefes de Estado, de ahora y de antes, y los dueños de tabacalera, artífices de una trampa tan rentable y nociva, sean juzgados y condenados por genocidio. Por permitir y alentar mediante sustancias adictivas la dependencia que tanta gente sufre por sus barritas de cáncer. Y que a los fumadores, si quieren fumar, que se les suministre únicamente tabaco.












