He aquí una modesta guía para dueños de perros, para ver si entre todos podemos mejorar la convivencia en nuestros barrios:
1-Un animal es un ser vivo, lo que conlleva una gran responsabilidad. Al perro no se le debe dar un trato humillante, ya que aunque no sea una persona tiene su dignidad.
2-No debemos usar al perro para desahogarnos de nuestras frustraciones. Al perro no se le debe pegar cuando tengo un mal día y darle mimos cuando lo tengo bueno.
3-El perro no es uno más de la familia. Su condición animal le hace tener una categoría inferior a la humana, por lo que si no queremos estar a la altura de un perro, no debemos llamarle familia. Entre un hermano y un perro siempre preferiremos al hermano.
4-El perro no es un niño. Los lacitos, jerseys, y otros accesorios humanos, quedan ridículos en un perro, pero para gustos hay colores, así que no considero obligatorio el cumplimiento del punto cuatro.
5-No se debe comprar un perro en Navidad y abandonarlo en verano. Te lo has comprado y te lo quedas, y si no, haberle regalado a tu niño la Play.
6-Una vez hemos dejado claro el estatus del perro y el respeto que se le debe, comencemos con los derechos de tu vecino.
Si a partir de las 00:00 doy una patada en la puerta de tu casa cada diez minutos, seguramente te sentirás molesto. Cuando tu perro ladra estridentemente, provocando al perro del otro vecino, y forman el ruido de una jauría cada vez que ven un gato de noche, a mí también me molesta.
7-Si te escupo en los zapatos, seguramente no te va a hacer gracia. Cuando tu perro babea los míos también me da asco, y me da igual que “no muerda”.
8-Si voy a la puerta de tu casa, me desabrocho el cinturón, me bajo los pantalones y pongo un huevo marrón, espero que no te enfurezcas por “un caquita.”
9-Si voy a tu garaje, me desabrocho el cinturón y orino en la rueda de tu coche, espero que tampoco te enfades.
10-Si repito el punto ocho, pero esta vez en un parque, y tu hijo llega después de jugar dejando trocitos de excremento por toda la casa, espero que seas tolerante.
11-Para perros peligrosos: Me gustan mucho los tigres. Pero no me compro uno y lo paseo sin bozal, y tampoco lo dejo suelto donde hay gente. Tampoco dejo a un crío de once años que lo pasee. Aquello de “no muerde” (hasta que yo se lo diga), me importa un bledo. Cómprate una tortuga, ésas no muerden y no necesitan bozal.
12-Si tu perro no es potencialmente peligroso, seguramente también tiene la capacidad de romperme los bajos del pantalón. Ponle el maldito bozal.
13-Si no puedes tener un perro respetando a los demás, porque en tu barrio no hay lugares habilitados, pídeselo a ayuntamiento, mientras tanto no lo compres. Tampoco yo puedo montar un bar de copas en mi casa, por mucho que me apetezca.
Espero que esta guía os sea útil, y por consiguiente me sea útil a mí. Que a tí te gusten los perros no significa que le gusten a los demás. Respétalo y yo te respetaré a tí.












