Él nunca lo haría
Se acercan las Navidades y, como cada año, es hora de ultimar las compras típicas de estas fechas. Entre dichas compras, tal vez las más destacadas son las de los regalos para lo más allegados, regalos como ropa, juguetes, bolsos y otros complementos, ramos de flores, perfumes y estuches de colonia, joyas… Son muchas las opciones para hacer sonreír a los nuestros a través de un detalle material, pero muchas veces se regala una sonrisa a unos para dar un infierno de vida a otros.
Efectivamente, me refiero a aquellos regalos cuyos destinatarios son, en su mayoría, los más pequeños de la casa: los niños, quienes, además de juguetes, reciben en muchas ocasiones una mascota que se convierte, al principio, en un compañero de juegos más, como si fuera el nuevo rey de la casa. Normalmente, ese tipo de mascota son los perros, aunque también son habituales otros como hámsters, conejos, gatos o tortugas, entre otros. Aún así, me centraré en los perros, ya que son los que más pueden sufrir pasado un tiempo debido a su cercanía a sus dueños.
Un perro siempre se convierte en el centro de atención durante los primeros días de su estancia en el hogar al que llega; recibe todo tipo de mimos y cariños, y se le trata como a un bebé o a un niño pequeño. Pero, como todo, como si de cualquier cosa u objeto se tratase, la “novedad” del perrito se termina acabando, pasando de ser un capricho a ser una obligación. Por ello, surge un problema cuando llegan las vacaciones veraniegas: ¿qué hacemos con el perro?
Pregunta difícil para algunos, pregunta de fácil contestación para otros. Al final, cada uno opta por lo que cree más conveniente: buscar un alojamiento en el que se permita la entrada de animales, solicitar plaza en residencias caninas donde dejar al perro, acudir a un vecino o familiar que se haga cargo de nuestra mascota durante esos días o, incluso, decidir quedarse sin vacaciones por no dejarlo “tirado”.
Bajo mi punto de vista, estas soluciones serían las más adecuadas si realmente queremos a nuestra mascota y la consideramos como el buen amigo fiel que es. De hecho, les puedo asegurar que el último que nos traicionaría sería él: nuestro perro. Es un amigo que, pase lo que pase, siempre está ahí a nuestro lado, nos da compañía y el cariño que muchas veces nos hace falta o necesitamos; incluso daría su vida por nosotros.
No obstante, un gran número de familias se deciden por el abandono (y algunas veces por el asesinato) como primera solución para poder irse de vacaciones sin problemas. Y parece mentira que se pueda tener la suficiente sangre fría como para hacer semejante cosa con quien hemos convivido y tan buenos momentos ha hecho vivir a todos los miembros de la familia. Un perro o cualquier otro ser vivo no nos elige; lo elegimos nosotros. Son seres completamente inocentes que no se caracterizan precisamente por la maldad que muchas veces tenemos las personas, no saben hacer daño. Ellos son felices con nosotros y nos necesitan mucho, ya que dependen de nosotros totalmente.
Comparémoslos con una persona (volviendo a centrarnos en los perros). Un perro nace y, al poco tiempo, se lo quitan a su madre para vendérselo o regalárselo a una familia; a partir de entonces, esa familia pasa a convertirse en “su nuevos padres”, quienes se encargan de educarle, darle cariño, alimentarle, sacarle a la calle a dar un paseo… Es como si llegara un bebé a casa: hay que cuidarle, atenderle y asumir todas las responsabilidades que conlleva el tener un nuevo miembro de la familia en casa. Y lo peor de todo es que las familias, muchas veces, compran un animal como capricho sin pensar en que es un ser vivo que también da trabajo además de felicidad y disfrute. Sin embargo, muchos son los que no lo consideran como tal, y confunden una mascota viva con un peluche o cualquier otro juguete.
Así, como era de esperar, la fiebre del perrito se suele pasar con el paso del tiempo, y la gente empieza a darse cuenta de que un perro no es un muñeco, percatándose también de las responsabilidades, sacrificios y obligaciones que se derivan de su cuidado, olvidándose de la parte positiva de tenerlo en casa y sin acordarse de que fueron ellos los que lo compraron y lo querían, que no fue el perro el que eligió a su dueño.
Deberíamos pensar más antes de actuar y, por ello, analizar detenidamente si estamos realmente preparados para cuidar de un animal o si creemos que no vamos a ser capaces de tratarle como un ser vivo que es. De esta manera, seguramente nos daríamos cuenta de que a lo mejor no podemos tener a alguien nuevo en la familia antes de que sea demasiado tarde. Con esto, se confirma lo irresponsables y caprichosos que podemos llegar a ser los humanos, ya que cuando queremos algo, no nos paramos a pensar en lo que nos llevamos por delante solo por saciar nuestros caprichos.
Concluyendo, no hay mayor animal que el hombre. La inmensa mayoría de lo que él toca queda destruido.

En quitando el comentario del final el artículo está interesante, te doy la razón, es más, comentaré que además de la forma que tu expones hay otro tipo de abandono que es el ignorar al animal una vez que ya se tiene, un hamster, al principio lo sacas, lo tocas y demás, pero en la mayoría de los casos terminas “pasando” de el. Igual pasa con los gatos, pájaros, galápagos, peces y otros animales domésticos. Es la ilusión del momento ya que luego se convierte en un trabajo que cuesta mucho de hacer aunque sea una tontería. (lo sé de buena tinta ya que he tenido todo tipo de mascotas y ahora lo veo con diferentes ojos).
El problema también puede ser que resida en que los padres lo compran a los hijos por que ellos lo piden, pero no piensan en el animal y directamente dedican sus esfuerzos en obligar al niño a hacer todas esas cosas que provoca que acabe teniendole manía a su mascota y posteriormente tender a ignorarla. Como he dicho no pasa en todos los casos pero una de las principales causas es la falta de previsión por parte de los padres que no cuentan con que el animal no es un juguete y no se puede tirar al fondo del armario.
Muy buen post… un 10.
PD: Muy guapa en Cifras y Letras!
Jaja, gracias, Mafius!! Me has visto?? Yo me veo más rara… pff, y con lo seria que salgo parece que soy una tía dura y borde, jeje. Pero bueno, el martes aparecerá en televisión el palizón que me dieron, aunque claro, estaba pensando más en mi cansancio y en las clases de la universidad que estaba perdiendo que en nada, jeje. No obstante, desde aquí vuelvo a felicitar a Marco, el que consiguió que abandonara el plató aquel día: mi enhorabuena, Marco!!
Y bueno, disculpad por escribir un poquito mal, por no escribir los signos de admiración y de interrogación que deberían ir en los correspondientes sitios, y por escribir dos finales de cada, pero es que no estoy en un ordenador español y no tienen las teclas correspondientes a los signos ya mencionados (aunque sí tiene la tilde ~ para poder escribir la ñ como veréis.
Gracias de nuevo, Mafius!!
VicHaunter, muchas gracias por tu comentario; considero que es un buen aporte de cara a que la gente se concience de esto de lo que he escrito esta vez. Esa manera de “abandono” que se llama “marginación” u “olvido” es algo sumamente frecuente y que pasa en la inmensa mayoría de los hogares.
Yo he tenido tortugas, pájaros, hámsters, perros…, pero les he considerado siempre parte de la familia y jamás les he dado de lado. De hecho, has sido como hermanos pequeños casi, en especial el perro que tengo ahora (Chacky), que es precisamente el caniche blanco que aparece en primer lugar en el presente artículo. Él ha hecho que me concience más aún sobre este tema y me ha dado mucha de la felicidad que tengo ahora; hoy, 15 de diciembre, cumple 5 añitos, y le he felicitado como si se tratase de un amigo más, porque realmente es lo que es: mi mejor amigo.
Espero que con todos mis argumentos se luche por esto y que se acabe con este maltrato que sufren muchos animales domésticos. Además, agradecería todo tipo de argumentos, historias y pensamientos que ayuden a reforzar las ideas que pretendo transmitir con este artículo. Gracias.
Tienes razón, de verdad. Los perros se deberían tratar como seres vivos y no como basura que se puede tirar en cualquier lado. La gente debería pensar más antes de hacer estas burradas. Los perros son tan inocentes pero contra el poder del hombre no pueden ni defenderse y por eso es muy injusto tratarles tan mal como hace mucha gente.
Muy bien escrito, Elena! Serías una buena periodista, de verdad!
Os cito un texto que encontré hace tiempo por ahí, que me gusta mucho:
“El mejor amigo que un hombre pueda tener, podrá volverse en su contra y convertirse en su enemigo. Su propio hijo o hija, a quienes crió con amor y atenciones infinitas, pueden demostrarle ingratitud. Aquellos que están más cerca de nuestro corazón, aquellos a quienes confiamos nuestra felicidad y buen nombre, pueden convertirse en traidores.
El dinero que un hombre pueda tener también podrá perderlo, se volará en el momento que más lo necesite. La reputación de un hombre quedará sacrificada por un momento de locura o debilidad.
Las personas están dispuestas a caer de rodillas para honrar nuestros éxitos. Serán los que arrojen la primera piedra cuando el fracaso coloque nubes sobre nuestro porvenir. El único, absoluto y mejor amigo que tiene el hombre en este mundo egoísta, el único que no lo va a traicionar o negar, es su PERRO.
El perro de un hombre está a su lado en la prosperidad y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad. Dormirá en el frío suelo donde sopla el viento y cae la nieve, sólo para estar junto a su amo. Besará la mano que no tenga comida para ofrecerle, lamerá las heridas y amarguras que produce el enfrentamiento con el áspero mundo. Si la desgracia deja a su amo sin hogar y amigos, el confiado perro sólo pide el privilegio de acompañar a su amo para defenderlo contra todos sus enemigos.
Y, cuando llega el último acto, y la muerte hace su aparición y el cuerpo es enterrado en la fría tierra, no importa que todos los amigos hayan partido. Allí, junto a la tumba, se quedará el noble animal, su cabeza entre sus patas, los ojos tristes pero abiertos y alertas, noble y sincero, más allá de la muerte…”
Muy buena reflexión, Eleny. Creo que una mascota JAMÁS debería regalarse, por mucho que lo desee el destinatario del regalo. Cada uno debería comprar o adoptar aquel animal que quiera; así se lo pensaría bastante más antes de adquirir esta responsabilidad. Incluso los niños. Un perro no puede ser nunca “el perro del niño” sino la mascota de la familia, y como tal debe ser una responsabilidad adquirida por todos de mutuo acuerdo. VicHaunter ha estado muy acertado en su comentario, ya que si un niño no es capaz de asumir sus propias responsabilidades (y no lo es, que por algo necesitan a los padres), menos será capaz de responsabilizarse de otro ser vivo. Y con ello no digo que el niño no pueda hacerse cargo del animal, pero siempre bajo la supervisión de los padres.
Me doy cuenta que he utilizado “responsabilidad” y “responsabilizarse” hasta la saciedad, pero supongo que esa es la clave cuando hablamos de este tema, así que lo repito: ¡responsabilidad!
Mia, perdona por no contestar antes, pero llevo una racha que no tengo tiempo ni para respirar, lo siento.
La verdad es que agradezco mucho el apoyo que mi artículo ha recibido, porque tal vez es una forma de hacer abrir los ojos a la gente, esa gente IRRESPONSABLE que no sabe cuidar de sí misma y pretende cuidar de un ser vivo… Francamente, me parece imposible, y un gesto muy inmaduro y muy cruel cuando se lleva a cabo.
Muchas gracias.